27/02/2018

Acompañamiento

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AUTOR DEL COMENTARIO:

Joan Cortadellas

Licenciado en Filosofía, Diplomado en Márketing y Administración y ha realizado un postgrado en Gestión Pública.

Ya tenemos a nuestro hombre o mujer incorporado a su puesto de trabajo. Aun suponiendo que su “primer día” haya sido muy satisfactorio y que la empresa se haya tomado la molestia de organizarle todo un proceso de inducción, de inmersión, de acogida, de adhesión, o como prefieran llamarle, es evidente que en pocos días no podrá conocer todos los entresijos de la empresa y mucho menos empaparse de los valores de la misma, de los que hablamos en nuestro último comentario.

Hay organizaciones que son muy complejas y muy difíciles de conocer. He de confesarles que en mis 20 años de vida laboral en la universidad, hasta el último día me tropecé con sorpresas, que en algunos casos incluso me incomodaron por tener la sensación de que yo ignoraba todavía algunos detalles de “mi” casa.

Por eso, les cuento la experiencia real que conocí hace unos años y que recogimos Alberto Jorge y yo en el Capítulo 5 de nuestro libro “La mejor universidad del mundo”, (Edit. Profit, 2012).

“En nuestra universidad, a cada profesor se le designa un tutor. Este tutor dura para siempre, pero con diferente grado de dedicación. El primer año, además de la acogida de los primeros días, el tutor asiste a todas las clases del recién llegado y prepara un informe cada mes; el segundo año los informes son trimestrales; el tercero, semestrales y a partir del cuarto, anuales. Pero siempre tienen que estar basados en la observación directa del desarrollo docente en el aula. Cada uno hace las visitas que cree necesarias”.

De este modo, en la universidad donde hacen esto, se producen dos efectos interesantísimos. En primer lugar, es una manera de detectar si las habilidades docentes son las adecuadas o no y si no lo son, el recién llegado tiene la posibilidad de mejorarlas. De lo contrario, si nadie le dice nada, ni el primer año, ni nunca, el profesor puede ser igual de malo el primer día que el último. Por eso todos hemos tenido algún profesor que todavía ahora nos preguntamos cómo pudo sobrevivir, siendo tan malo. Y, en segundo lugar, un efecto colateral no menos interesante: el tutor, que generalmente es un profesor veterano, por el hecho de asistir el primer año a todas las clases del recién llegado, se da cuenta de que quizás sus conocimientos no están al día y tiene la oportunidad de actualizarlos, o que su técnica docente no es la más adecuada y las habilidades del nuevo le causan un efecto revulsivo, que le obliga a ponerse al día.

Si los informes de los tutores los sabemos aprovechar para la evaluación 360 grados, de la que hablaremos más adelante y si además tienen alguna repercusión en los incentivos que pueden formar parte de una retribución variable, de la que también nos ocuparemos, el efecto de este acompañamiento es, como aprendí hace poco en Portugal, “espantoso” (Porque allí esta palabra significa “sorprendentemente positivo y fantástico”).

Les animo a probarlo y, si triunfan, a comunicarlo, para que otros se animen a hacerlo.

¡Suerte y que el resultado sea “espantoso”!

Fotografía: Shutterstock

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