08/05/2018

Conciliación entre la vida laboral y la familiar

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Cada día que pasa se va consolidando en las empresas y organizaciones, la idea de que los seres humanos y su atención constituyen su elemento más valioso.

Existen muchos pronunciamientos que definen con claridad este importante concepto, que significa un punto de partida trascendente en la evolución empresarial. Pero también debemos exponer que, no en pocas ocasiones, se manifiesta como un cierto maquillaje, que no va más allá de argumentaciones, que posteriormente no se traducen en comportamientos estables.

A pesar de ello, no cabe duda de que la participación, la implicación y sobre todo el compromiso del colectivo laboral, constituye un aspecto verdaderamente diferenciador en las organizaciones que hoy son referentes. Ya llegará el día en que deberemos ocuparnos de la repercusión de la robotización.

Muchos son los matices que se deben tener en cuenta para lograr la alineación total de los trabajadores con la misión y los objetivos de las empresas, pero uno de los más decisivos es lo que se suele llamar el proceso de “descosificación” de los seres humanos en la empresa. En el Taylorismo eran las máquinas el eje vertebrador de todo en los procesos productivos, relegando el papel de las personas, que se acercaban a las fábricas buscando trabajar muchas horas diarias en esas máquinas, para poder garantizar la comida a los integrantes de su familia.

Estas caducas ideas afortunadamente van quedando en la historia, pero en este proceso de “descosificación” (las personas no somos “cosas”, ya que pensamos, tenemos intereses, motivos y una actitud ante la vida), influyen un conjunto de cuestiones vitales. Una de ellas, quizás la más importante, es el reconocimiento explícito, de que, precisamente por no ser “cosas”, tenemos además de nuestro trabajo, otros aspectos muy importantes como los familiares, sociales e individuales, que son imprescindibles para lograr la felicidad y que debemos atender sistemáticamente. Y especial importancia la tiene la vida familiar.

Hay un consenso general en que la familia es la célula fundamental de la sociedad. Nadie puede alcanzar una felicidad íntegra, si no es capaz de cultivar una familia cohesionada, con un legado relevante. Para lograrlo, debemos prestar a través de toda nuestra vida una atención sistemática a esa familia en evolución y las empresas están en el deber ineludible de propiciarlo a todos sus trabajadores, los cuales cuando perciban esto, aumentarán la participación, implicación y sobre todo compromiso con la empresa, que está contribuyendo decisivamente a su felicidad.

Son innumerables las acciones que se pueden emprender en el marco de una organización, para lograr esta conciliación, pero todo parte de consolidar un paradigma esencial: Las personas no somos cosas, somos el elemento principal de cualquier proyecto empresarial y solo cuando seamos considerados como tal, entregaremos lo mejor de nosotros al mismo.

Y no basta con repetir una y otra vez en el argumentario empresarial estas ideas, hacen falta acciones, que pueden salir a la luz. Son los colectivos laborales los que se encargarán de buscar la personalización de las soluciones, tomando en cuenta qué les va mejor para su vida familiar, sin olvidar sus obligaciones laborales, lo cual será un acicate para lograr que las personas seamos verdaderamente el activo clave de cualquier proyecto.

Fotografía: flexjobs.com

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