13/02/2018

Contratación

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AUTOR DEL COMENTARIO:

Joan Cortadellas

Licenciado en Filosofía, Diplomado en Márketing y Administración y ha realizado un postgrado en Gestión Pública.

Dentro de lo que denominamos “Sistema Integral de Desarrollo Humano”, hemos hablado en nuestros últimos comentarios de los primeros pasos –Necesidad de contratación, Análisis y diseño del puesto de trabajo, Reclutamiento, Selección- y hoy nos toca cerrar esta primera fase previa, hablando del momento de la Contratación.

Me gustaría que quien lo lea, haga el esfuerzo de situarse del lado no del que contrata, sino del que es contratado.

He pasado un largo y pesado periodo de selección, en el que me han preguntado mucho y tengo la impresión de que me conocen hasta por el forro, pero yo no he podido preguntar tanto y conozco poco de la empresa, sólo lo suficiente para creer que vale la pena entrar. Hoy me disponía a empezar a formar parte de esta empresa. Creía que, a juzgar por el tiempo y los medios que me han dedicado hasta ahora, ellos estaban convencidos de que hacen un buen fichaje. Pero el acto de hoy ha sido un mero trámite, me ha atendido un técnico de Personal, que no es ninguno de los que había conocido hasta hoy y me ha dicho apenas “Hola, firme aquí y empieza mañana en aquella mesa”.

Yo no esperaba un comité de bienvenida, ni una alfombra roja, ni bombo y platillos, pero sí un trato de persona a persona. Para mí este tenía que ser un momento fuerte y no ha sido más que una primera decepción. Empiezo a dudar de esta empresa.  El contrato no especifica más que la retribución bruta, sin hablar de incentivos, de bonificaciones, de formación, de carrera, de vacaciones, de mejoras sociales…Y podemos complicar la escena, aclarando que el contrato, que finalmente había esperado tanto, es sólo por un mes. La cara que me ha quedado es todo un poema de desilusión. Empezamos mal, muy mal, con ganas de empezar ya a buscar la salida.

Me temo que esta escena se repite demasiado a menudo. No podemos pretender que la persona contratada se identifique con “su” empresa, tratándole de este modo. En primer lugar, es un abuso ir repitiendo contratos temporales cortos. Los he conocido hasta de un día. Así no se contratan personas, sino que se compra simple “mano de obra”. Naturalmente, para un contrato tan corto nadie se toma la molestia de informar de otra cosa que de la tarea a realizar. Sin embargo, cualquier persona tiene derecho a saber cuál es el sentido de lo que está haciendo, a conocer qué pinta él en el engranaje de una empresa.

Ahora, con un poco más de reflexión, volvamos al lado de la mesa del que contrata, del empleador y repitamos la escena procurando cambiar el enfoque, es decir cambiándolo  todo, porque no sirve de nada lo de la escena anterior. Seguro que no le han quedado ganas de estar en la piel del contratado y que no le hubiera gustado que le trataran así. ¡Pues a cambiar!

Fotografía: Linkedin

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