27/03/2018

Movilidad interna y externa

Movilidad-interna-y-externa

AUTOR DEL COMENTARIO:

Joan Cortadellas

Licenciado en Filosofía, Diplomado en Márketing y Administración y ha realizado un postgrado en Gestión Pública.

Estoy convencido de que una larga permanencia en el mismo puesto de trabajo conlleva más perjuicios que beneficios. Las personas nos acostumbramos a todo, vamos incorporando rutinas, que generan comodidad y confianza, pero impiden que desarrollemos nuestra creatividad y en definitiva, frenan unos posibles deseos de mejora.

En culturas anglosajonas la permanencia no sólo no es un mérito, sino que se considera una limitación. “¿Cómo es posible que lleves 15 años en el mismo puesto? ¿No has sido capaz de progresar?”, te dicen.

Por esto, recomendamos plantearse en serio la movilidad. Como ideal, pensamos que después de 4 ó 5 años, es bueno pensar en un cambio de empresa, del mismo sector, o de otros sectores, que permitan, por un lado, aplicar nuestro conocimiento y experiencia, pero que, al mismo tiempo, nos permitan seguir aprendiendo. Pensamos que el cambio siempre será un estímulo profesional. Volveremos a tener necesidad de conocer mejor la realidad que nos
rodea: el sector, la empresa, los clientes, los proveedores, los jefes, los compañeros, los subordinados, todo esto que ya no nos ocupa tiempo y esfuerzo en el actual puesto, porque hace 15 años que lo conocemos de sobras y ni siquiera nos hemos dado cuenta de que todo cambia.

Pero en situaciones de dureza del mercado de trabajo esto es más difícil y muchas veces pensamos que es preferible conservar el puesto actual, que plantearse algún cambio. En estos casos, recomendamos, por lo menos, plantearse la movilidad interna, es decir, la posibilidad de cambiar de puesto de trabajo dentro de la misma empresa, en un departamento distinto. La ventaja es que el conocimiento de nuestra organización, de la cultura empresarial en la que
estamos inmersos, ya lo tenemos, pero podremos conocer otros aspectos interesantes. Pasar de producción a comercialización, o de contabilidad a recursos humanos, o de innovación a logística, enriquecerá al que cambia y a la misma empresa, ayudará a tener una visión más global de la organización, cosa que es siempre positiva.

Finalmente, cuando esto tampoco sea posible, queda una última solución de movilidad, que es la que yo llamo “el cambio de moscas”. Voy a seguir haciendo exactamente lo mismo que hacía, pero en un entorno distinto, con nuevos jefes, nuevos compañeros, nuevos clientes. Tendré problemas parecidos o no, pero, por lo menos, las moscas no serán las mismas. Conocí una organización en la que permitían incluir en su web interna anuncios como “Cambio puesto de trabajo en el Departamento de Economía, de nivel 3, por otro del mismo nivel en cualquier Departamento de Gerencia”. Y, por lo visto, funcionaba. Era como un SOS de una persona, aburrida, pero con ganas de no rendirse.

Todo, menos dejarse carcomer por la rutina, que impide cualquier ilusión por ir a trabajar. Levantarse hoy y mañana y pasado, sin ningún estímulo, para seguir haciendo una y otra vez la misma tarea rutinaria, deprime a cualquiera. Nunca he entendido a aquellas personas que, a mi modo de ver, por desgracia, realizan el mismo trabajo mecánico desde hace años en una cadena de producción. Lo siento por ellos, porque tarde o temprano serán substituidos por
robots, que harán el mismo trabajo mucho mejor.

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