29/05/2018

Procesos de desvinculación

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AUTOR DEL COMENTARIO:

Joan Cortadellas

Licenciado en Filosofía, Diplomado en Márketing y Administración y ha realizado un postgrado en Gestión Pública.

Desde nuestro comentario 110, publicado el 9 de enero de este año, hasta éste, el 130, hemos recorrido todos los aspectos de la vida laboral de una persona. Nuestra tesis es la necesidad de que los 20 aspectos, que van desde la identificación de la necesidad de una contratación, hasta los procesos de desvinculación, deben conformar un verdadero “Sistema integral de Desarrollo Humano”. Todos son elementos interrelacionados, hasta el punto de que modificar uno repercute en los demás. Podemos impulsar la formación permanente de una persona, pero no servirá de mucho si después no nos preocupamos del desarrollo de su carrera profesional. O podemos aprobar una buena política de incentivos, pero será contraproducente si no la aplicamos a partir de un buen ejercicio de evaluación del desempeño.

Llegados aquí, una vez más tenemos que afirmar dos cosas: Primero, que no es fácil gestionar bien este “sistema” de Desarrollo Humano y en segundo lugar, que aunque no sea fácil es absolutamente necesario, porque en la mayoría de las organizaciones su activo principal son las personas. Únicamente se escapan aquellas tan tecnificadas, tan mecanizadas, que las máquinas son lo más importante.

Para acabar, hablemos del final de la vida laboral. Imaginemos que una persona ha trabajado 40 años en la misma empresa, de los 25 a los 65 y llega el momento de su jubilación. No puede ser que este paso, tanto o más importante que el del momento en que ingresó en la empresa, se resuelva con un ritual tan frío e impertinente como la llamada del “Jefe de Recursos Humanos” que le dice: Roberto, vas a cumplir los 65 y tienes que jubilarte el próximo lunes. Recibirás tu liquidación puntualmente. Dejarás de utilizar tu correo electrónico. Despídete de tus compañeros, recoge tus cosas y vete. ¡Ah! ¡Y buena suerte!

Caricatura, si quieren, pero demasiado a menudo la desvinculación se produce de una forma parecida. Toda la experiencia, el conocimiento, la red de contactos, la fidelidad de Roberto, pasan a tener un valor cero y se echan por la borda. Además del trauma y la desilusión que supone para la persona afectada, hay que contar con la estupidez por parte de la empresa, que es incapaz de aprovechar toda la vida laboral de Roberto.

Les contaré cómo lo hacen en una institución universitaria de la que formo parte de su Consejo Social. A la persona que se va, porque se jubila, se le despide con un acto sencillo, que normalmente es un almuerzo o una cena. Se le agradece los servicios prestados, se le hace un obsequio de recuerdo y se le pide que no deje de participar de la fiesta anual de la institución, a la que puntualmente será invitado. Pero, además, se le pide seguir contando con su apoyo, aprovechando su red de contactos, para recibir a las personas nuevas que contrata la institución, para conseguir fondos para determinadas actividades, para formar parte de su Consejo Social, para impulsar la asociación de antiguos alumnos e incluso para acompañar a grupos en viajes de intercambio. Estas personas siguen sintiéndose valoradas y queridas y la institución aprovecha todo su potencial. No echa por la borda tanto valor acumulado. Naturalmente este vínculo no dura para siempre, sino que cada persona va escogiendo el momento en que ya no puede o no desea asumir esta dedicación y va despidiéndose gradualmente, por decisión propia. 

Todo esto no se improvisa. Debe formar parte también del “Sistema integral de Desarrollo Humano”. Esperamos haberles convencido. 

Fotografía: whitmoregroup.com

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