19/12/2017

Réplica a “Cría cuervos”

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AUTOR DEL COMENTARIO:

Joan Cortadellas

Licenciado en Filosofía, Diplomado en Márketing y Administración y ha realizado un postgrado en Gestión Pública.

Artículo de Referencia: Cría cuervos

Autoría: Joan Cortadellas

Fecha: 12.12.17

Medio: Eacrecer

Link: http://eacrecer.com/comentarios/cria-cuervos/

En mi anterior comentario reproduje un artículo de Benjamín Carrión, escritor y político ecuatoriano (1897-1979), titulado “Cría cuervos” y terminaba pidiendo que respondieran a dos preguntas: ¿Están de acuerdo con todo? ¿Lo ven pesimista, realista u optimista?

Empezada diciendo: “La cultura es el eje transversal de toda transformación revolucionaria. Un pueblo sin cultura solamente podrá aspirar al cemento armado y al último modelo de carro.” Yo replico preguntándole qué entiende por “cultura”, no sea caso que confunda “cultura” con “formación académica”. Un campesino del altiplano boliviano, que no sabe leer ni escribir, ¿no tiene cultura? Cuando sabe predecir perfectamente la lluvia, el viento o la sequía, cuando puede distinguir entre especies vegetales que yo ni siquiera puedo reconocer, o identificar una plaga o un parásito y sabe cómo combatirlo eficazmente y cuando es capaz de enternecerse ante el nacimiento de un hijo y de indignarse ante el trato abusivo del intermediario que le ofrece una miseria por su cosecha, ¿todo esto no es cultura?

Pero, claro, cuando se traslada a la ciudad se siente totalmente perdido, igual que yo cuando piso su campo. Porque cada cultura sirve para un determinado entorno y no existe una “cultura universal”, que se adapte a cualquier época y a cualquier país. Estaría de acuerdo con Benjamín Carrión si me hablara de la falta de cultura de tantas personas que se han visto obligadas a desplazarse del campo a la ciudad, que es un fenómeno muy extendido y creciente. Para estas personas su cultura rural no les sirve en absoluto para vivir en el suburbio donde han aterrizado y no están preparados para asumir rápidamente una nueva cultura urbana.   

En realidad, él se refiere a una “nueva clase media”, urbana por supuesto, consumista, “carente de honradez, de lealtad y solidaridad, a la que le han caído del cielo los hospitales, las universidades, las carreteras, el trabajo, el sueldo mensual, las pensiones.” Y concluye: “Se le entregó el pez sin enseñarle a pescar. Analfabeto de principios y de símbolos, su egoísmo, su individualidad, su mediocridad, su ambición, están garantizadas.” Evidentemente, por estas expresiones y por las que cierran su artículo, su visión de la realidad está muy teñida de pesimismo y aplica una generalización, que es totalmente gratuita, pero coincido con él en esto de valorar poco lo que tenemos, sin haberlo ganado, sin haber hecho nada para conseguirlo. En mis recientes tiempos de profesor universitario siempre critiqué la gratuidad, o “la baratura” de la educación superior. Es muy difícil que un estudiante sea consciente de lo que le cuesta al país -es decir, lo que nos cuesta a todos- su formación. Si él sólo paga el 10 % de su coste real, si “la rebaja” que se le aplica es del 90 %, es natural que no la valore. Y si no la valora, ¿por qué tiene que esforzarse estudiando, asistiendo siempre a clase, superando los exámenes, si, además, cuando termine su carrera lo más probable es que no haya trabajo para él y su título de derecho no le servirá para hacer de camarero? Mi propuesta era que pagara la totalidad del coste y se le fuera devolviendo el dinero, a medida que fuera aprobando las materias. Y cuando fuera un profesional, que se gana la vida gracias a los estudios que le habríamos pagado entre todos, debería ir devolviendo ese dinero, en pequeñas dosis de su sueldo, para que otros pudieran estudiar.

En definitiva, para mí, de acuerdo con todo no, pesimista sí, pero ayuda a reflexionar.

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