19/09/2017

Vacaciones en Menorca

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AUTOR DEL COMENTARIO:

Joan Cortadellas

Licenciado en Filosofía, Diplomado en Márketing y Administración y ha realizado un postgrado en Gestión Pública.

Cuenta una leyenda menorquina que en el inicio de los tiempos compitieron Dios y el Diablo en medio del Mediterráneo. Dios creó la maravillosa isla de Mallorca y se esmeró mucho para salir airoso del reto: montañas en las que en invierno a menudo hay nieve, grandes playas donde caben de sobras todos los turistas, extensiones abundantes de higuerales y olivares, palmerales y mucho más. Lo tenía difícil el Diablo, pero lo intentó, creando la isla de Menorca: llena de pedruscos, con un viento del norte que dobla los árboles, sin montañas y con caletas pequeñas, agujereadas y de difícil acceso. Hasta ahí llegó. Y viendo Dios aquello, le dijo: Para compensar este desastre, tú ahora haz a los mallorquines, que yo me ocuparé de crear a los menorquines.

Y, efectivamente, Menorca es una isla pedregosa, donde no hay un palmo de tierra, una tierra rojiza (claro, la hizo el Diablo), que no guarde celosamente sus piedras. Pero, ¿qué han hecho los menorquines (por algo los creó Dios)? Desentierran las piedras y las van colocando cuidadosamente en muretes. De esta forma, ganan superficie de cultivo, protegen los campos del viento del norte, impiden que el viento se les lleve la tierra fértil y de paso, señalan los límites de las propiedades y de los caminos. Por eso, vista desde el aire, la isla parece una inmensa red, tejida de paredes de piedra.

Allí hay una profesión, que probablemente es única en el mundo, a la que en catalán denominan aparedadors, que viene de pared. Son los que saben construir estas paredes de 1 metro de alto, con la particularidad de que para ello no utilizan argamasa, es “pared seca”: una piedra encima de la otra, bien combinadas, bien encajadas y dándole a la pared un perfil trapezoidal, más ancha en la base y más estrecha en la parte alta.

Estos dos últimos veranos he podido maravillarme al ver que en las obras públicas de ensanchamiento de la carretera principal de la isla, que une sus dos ciudades más importantes, Maó y Ciutadella, han tenido que destruir muchos quilómetros de pared seca y una vez que han removido la tierra, una brigada de aparedadors las están reconstruyendo con paciencia artesanal, con las piedras viejas y con las nuevas que han desenterrado las máquinas. Después llegará el alquitrán y los coches, pero lo primero es lo primero.

Les cuento todo esto, porque estas paredes siempre me han hecho pensar que tienen muchos puntos en común con la vida de las empresas y las instituciones: Hay que aprovechar todo lo que se encuentran en el camino, incluso las piedras, las amenazas, que pueden convertirse en oportunidades; se necesitan buenos aparedadors, expertos que sepan ayudar a trazar el camino, a construir un buen Plan Estratégico; tienen que colocar primero sus piedras más grandes y más sólidas, sus valores, su misión, que serán la base de toda su actividad; luego hay que combinar las otras piedras para que la pared aguante, elaborar planes operativos que den consistencia y sostenibilidad a la organización; de vez en cuando hay que revisar, reconstruir, modificar, fortalecer, porque el viento es muy fuerte. Y si conviene ensanchar la carretera, si hay que cambiar de estrategia, desplazaremos las paredes, trazaremos nuevas sendas, armaremos nuevos Planes, aprovecharemos lo viejo y asumiremos lo nuevo y seguiremos adelante, mirando siempre hacia el futuro, un horizonte de campos y de mar y de faros, que nos van guiando.

Fotografía: Amics de Punta Nati

3 comentarios en “Vacaciones en Menorca

  1. Valeri Serret says:

    Sens dubte que la capacitat de visió de cadascuna de les brigades d’aparedadors ha contribuït de forma determinant a la cultura de gestió d’aquest “vent de l’illa”, segur que tots ells ben capaços d’interpretar les necessitats concretes a cada revolt del camí i en les llargues rectes del plà.

  2. Pingback: A ver quién la tiene más larga • EAcrecer, consultoría y dirección de empresas, Barcelona.

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